Te extraño -si, lo hago-, sigo pensándote cada noche antes de dormir y cada mañana cuando me despierto, en esos cinco segundos en que no recuerdo aún que ya te perdí.
Te amo y sigo amándote como en un principio en que eramos felices juntos, en que no nos importaba lo que dijeran los demás sobre nosotros, en que las sonrisas abundaban y las palabras sobraban en vez de escasear. Si, esos días en que las lágrimas estaban ausentes, en que la felicidad de amarnos puramente regía nuestras vidas... Sin engaños, sin mentiras, sin odio, sin rencor... Sin ese desamor que ahora me acompaña...
Le miento a los demás, me miento a mi misma diciendo que ya te olvidé, que estoy mejor sin ti, que no me haces falta y que simplemente ya te saqué de mi corazón. Pero, ¿a quién quiero engañar? Desbordo por cada poro éste sentimiento de tristeza en todo momento; ya que en todo momento me haces falta, en todo momento te pienso, en todo momento te necesito y en todo momento te extraño.

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