Tanto esperé a que se juntasen nuestras manos que el óxido del tiempo corroyó nuestros corazones; ellos laten distantes y no tienen la fuerza suficiente para continuar sonriendo mutuamente.
Nos hemos perdido y el pensamiento de encontrarnos nos espanta. La sonrisa se ha borrado, tu pelo, es el mismo que conocí pero se ha teñido de sombras de indiferencia igual que nuestro amor.
Ya no están aquellos ojos cálidos en los que descansaba al despertar, ni las palabras dulces que me servían de almohada. Si hay algo que quiero ahora es llorar nuestro desamor y desear que aquello soñado vuelva a ser.
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